sábado, 1 de marzo de 2008

El Haddej: Un pueblo troglodita


El Haddej es un pueblo troglodita al sudeste de Túnez. Viene a ser lo que es hoy su vecina y famosa Matmata pero 20 años atrás, sin la llegada de La Guerra de las Galaxias y todo lo malo para la vida tradicional que supuso su internacional reconocimiento a nivel turístico.

Muchos de los locales se ofrecerán para llevarte a El Haddej. No hay autobuses ni louages que lleven a esta zona semi-deshabitada. Si dispones de tiempo, verdaderamente merece la pena relaizar el viaje a pie. Supone entre hora y hora y media y el camino, alejado de la carretera, bordea montañas de aspecto lunar que hacen del viaje mismo una aventura que añadir a la jornada.

Para llegar a El Haddej hay que retomar la cuesta que da inicio al pueblo de Matmata y tomar el sendero que vira a la derecha justo después de una tienda de cerámicas. A partir de ahí simplemente hay que seguir el sendero que nos llevará entre valles secos con algunos pequeños oasis de palmeras.

Es posible que durante la caminata os encontreis al “tonto del pueblo”. Un chaval que ya posee fama por perseguir a los “guiris” que vienen de visita. Os pedirá dinares, fuego, cigarrillos, agua, etc. No os molesteis a echarlo a gritos. No va a servir de nada y os pondreis de mal humor innecesariamente. Resistirá siempre a escasos metros detrás vuestro persiguiendo vuestros pasos con una sonrisa desdentada. Es mejor ignorarlo y hacer ver que no lo escuchais.

Una vez en El Haddej, pensareis que se trata de un pueblo fantasma pero poco a poco empezareis a vislumbrar todas las casas que se sumergen bajo tierra, camellos y burros apostados en las casas y algún local se os ofrecerá para enseñaros el pueblo.

Hay tres cosas basicamente que ver en El Haddej: la prensa de aceite, la cueva del matrimonio y la típica casa troglodita. Acordad un precio para las tres y escoged al que mejor os parezca como guía.

La prensa de aceite se trata de una piedra enorme que daba vueltas merced a la fuerza motriz de un camello. Las cuevas del matrimonio son verdaderamente interesantes desde el punto de vista social. Merece la pena visitarla, no vereis ninguna boda real por supuesto pero sí vale la pena su visita para hacerse una idea del gran acontecimiento social que supone una boda para esta tribu.

Más información | Oficina Nacional de Turismo de Túnez

Tamezret: Un laberinto berebere

Tamezret es de lo mejor del sudeste de Túnez. Cercano a Matmata, donde se grabó la película de La Guerra de las Galaxias, se halla en una de las cimas de esta rocosa cadena de montañas con vistas a los áridos valles y al desierto. Durante el camino vereis una multitud de casas trogloditas excavadas en la roca.

En el pueblo de Tamezret todavía se habla Amazigh, la lengua de los bereberes. El pueblo está formado por un intrincado laberinto de callejuelas tanto exteriores como interiores. La misma montaña está excavada por dentro, repleta de pasillos y túneles secretos que permitían a los bereberes esconderse cuando eran atacados.

Existe un nuevo museo que no aparece en las guías y merece la pena echarle un vistazo. El museo, se trata de una misma casa troglodita hablilitada y os explicarán (en francés) las costumbres sociales y las razones históricas de la existencia de Tamezret. Precio de visita: la voluntad.

Tamezret se halla al sudeste de Túnez a unos 12 km del famoso pueblo de Matmata. Existen autobuses desde la misma para llegar hasta Tamezret. Los horarios son un poco difusos y ni en el centro de información turístico acertaron la última vez. Conviene llegarse a la estación de autobuses de Matmata y preguntar directamente a los conductores. Si os quedais sin autobús de vuelta en Tamezret, me temo mucho que os tocará volver a dedo y pagar la novatada por el precio que le apetezca al conductor de turno…

Más información | Oficina Nacional de Turismo de Túnez

secreto oculto en Túnez

¿Qué puede uno esperar de una ciudad llamada Sfax (pepino)?

Sfax es la segunda ciudad más poblada de Túnez y cuenta con una fuerte economía centrada en el fosfato y la prensa del aceite que le da un olor especial a la ciudad.

Como es obvio, a primera vista, la ciudad “Pepino” no resulta demasiado vistosa y halagüeña para el turista. Sin embargo, esconde uno de los mejores secretos guardados del país. Y, sin duda alguna, es su medina. Lejos de las turísticas medinas de Túnez, Sousse o Hamammett, la medina de Sfax es un retrato viviente de un espacio de comercio y ocio en la Túnez actual. Aquí no se venden artículos dedicados al turismo, aquí la gente va a comprar los productos del día a día y, en cada calle, en cada esquina se palpa la realidad de una ciudad viva y en continuo movimento.

La medina de Sfax es un buen ejemplo para tomar conciencia de cómo vive una ciudad trabajadora tunecina en el siglo XXI en consonancia con su pasado histórico. Todavía conserva sus murallas intactas que dividen perfectamente la atmósfera de la nueva y vieja ciudad.

Una calle para los herreros, otra para ropa, otra de especies, un mercado para el pescado, otra calle para afiladeros y así se pasa la tarde, merodeando por la mezquita y tomando algún té o dándole a la chicha en uno de sus bares.

La estación de tren se halla a tan sólo 5 minutos a pie de la muralla que divide la medina. Los hostales baratos se encuentran en la primera calle de la medina a la derecha. Esta buena comunicación hacen de Sfax una buena parada, ya sea por unas horas antes de tomar el siguiente tren o para pasar una noche.

En las guías no aparece ningún lugar para acceder internet pero Diaro del Viajero lo ha encontrado. Saliendo de la medina por la puerta del Bab El Kasba hay que bajar un par de calles y girar a la derecha. El Internet café, Publinet, se halla en el primer piso de unos almacenes. La conexión, como en el resto del país, es lamentable, pero bueno, tras una hora es posible mandar un email o, ¡incluso dos!

Más información | Oficina Nacional de Turismo de Túnez

El Djem: el coliseo africano

El Djem, ciudad a tres horas al sur de Túnez, pasaría desapercibida si no fuera por su colosal y espectacular anfiteatro romano que alberga en el mismo corazón de la ciudad.

El coliseo fue construido por el emperador Gordiano alrededor del año 230 d.C. Con 148 metros de largo y 122 de ancho, tenía una capacidad para más de 45.000 espectadores, algo que algunos campos de fútbol de hoy en día soñarían.

Supone el edificio romano más grande realizado jamás en toda África. Sus arcos y sus muros de piedra ocre de colosal envergadura dejan sin aliento a más de uno; y sólo el hecho de pisar la arena, encontrarse entre esas gigantes paredes, imaginarse al público de hace más de 1800 años vitoreando y pensar en el próposito de semejante obra: ver hombres luchando hasta la muerte o la condena a ser devorado por tigres y leones produce escalofríos.

Junto con la entrada a anfiteatro se puede también visitar el museo arqueológico al sur de la ciudad. Tiene una buena colección de mosaicos. Nada a comparar, por supuesto, con el espectacular surtido del museo El Bardo en la capital.

Djem está bien conectada en tren y la estación se encuentra a sólo 5 minutos del anfiteatro. Esta buena comunicación permite visitar el lugar y proseguir el viaje hacia otro punto del país.

Si hay hambre, el restaurante Bon Heur ofrece un buen menú a precio medio para llegar al siguiente destino sin agujero en el estómago.

Más información | Oficina Nacional de Turismo de Túnez

Madhia: La hija del profeta al mar

No hay duda que visitar la ciudad portuaria de Madhia en Noviembre nada tiene que ver con la masificación turística que alberga en verano.

Madhia es una buena opción para evitar las saturadas poblaciones costeras de Hamamett y Sausse. Se agradece que los hoteles turísticos estén alejados del corazón de la ciudad y que todavía no haya llegado la fiebre turística de sus hermanas costeras.

Madhia está rodeada por el mar por tres lados distintos. Ofrece paseos formidables por su costa y en su punto más al este cuenta con algunas ruinas y un cementerio en el cual sus muertos nunca hallarán una calma tan serena como la de reposar junto al Mediterráneo, sin más ruido que el de los remos cuando las barcas parten mar adentro.

Madhia fue la primera capital del califato de Fátima en el siglo X. Su medina todavía conserva su atmósfera medieval y, aunque poca cosa ofrezca, es una auténtica delicia merodear por sus calles empedradas.

Kairouan: La ciudad sagrada de Túnez

La ciudad de Kairouan fue fundada por los conquistadores árabes en el siglo VII y su gran mezquita y medina atestiguan la importancia que tuvo en un pasado remoto.

Ir siete veces a Kairouan equivalen a una visita a la Meca para todo musulmán. La ciudad respira religiosidad y puritanismo, también alfombras, chichas y demás souvenires dedicados a los turistas. En especial cuando llega un autocar para realizar la clásica visita de una horita.

La verdad es que un par de horas son suficientes para visitar la medina, la gran mezquita (una de las pocas en la que los no creyentes pueden acceder), el mausoleo de Sidi Abid y la mezquita de las tres puertas.

Si os quedais a dormir el hotel Sabra, justo delante de la muralla para acceder a la medina, no está nada mal ofreciendo doble con baño por 12 dinares. A su lado, un hamman con masaje espectacular por tres y medio.

Zaghouan: Donde los romanos encontraron el agua

Zaghouan es una buena escapada de un día desde Túnez, Sousse o Hammamet.

El pueblo, que se expande en las primeras laderas de la montaña de Djebel (1.300 m.) era el punto de inicio de un complejo sistema hidráulico que construyeron los romanos para llevar agua fresca hasta Cartago. Camino a Túnez pueden verse a un lado de la carretera los restos de un acueducto larguísimo.

El templo de las ninfas, a dos kilómetros del pueblo hacia el interior de la montaña se pueden ver los restos de la obra romana, hoy en día, medio en ruinas y en vías de ser remodelada.

De todas maneras, Zaghouan es interesante especialmente por ser un pueblo de montaña, verde como pocos en Túnez.

Esta bien comunicado por louage y por autobús (no muy recomendable si no quereis volveros esqueleto al esperarlo) tanto desde El Fahs, Túnez, Kairouan, Hammamet y Sousse. Ideal para un día de escapada o para realizar una parada en el camino de un lugar a otro.

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